Vaticinios

¿Para qué sirve la literatura? Pregunta recurrente en las clases, pero es una trampa. No sirve para nada, esa era la respuesta que buscábamos, la literatura no tiene ninguna utilidad. La literatura nos abstrae del mundo, eso significa que no somos funcionales en sociedad, no aportamos valor, la literatura es el enemigo. Me gustaría no saber leer porque las historias me afectan.

afección.  ‘Pasión del ánimo’ y ‘afición o apego’: «La psiquis del hombre siempre ha revelado una particular afección por los héroes» (Rolla Familia [Arg. 1976])

Si quisiera hacer una lista con los mejores cuentos o los mejores poemas, incluso los mejores discos; mi criterio para elegir sería la afección que me causaron.

Un cuento que detesto haber leído es “El milagro secreto” de Borges. Estoy condenada a recordarlo cuando trazo suposiciones del futuro. Uno de mis rasgos de personalidad es la previsión, generalmente comienza con ensoñaciones: pienso en lo mejor que podría pasar, luego lo medianamente bueno y al final lo peor. El cuento me enseñó que no importa cuánta imaginación tenga, JAMÁS ocurrirá lo pronosticado porque “la realidad no suele coincidir con las previsiones”. Lo único que me hace mantener la esperanza es el verbo “soler” conjugado en tercera persona del presente indicativo: Suele, suele, suele…Eso significa que estadísticamente hay una mínima probabilidad de que ocurra lo previsto.

Jaromir, el personaje del cuento, pensaba en lo terrible y acentuaba sus previsiones con lógica perversa; así los hechos no podrían superar el desastre que diseñó en la mente. Aunque cayó en la trampa de las posibles profecías, en algún momento pensó que sí ocurriría algo de lo que imaginó…

Sobra decir que ahora vivo como pésima jugadora de ajedrez, intento prever el siguiente movimiento de mi oponente, la mayor parte de las veces fracaso y si se trata de ilusiones tanto peor.



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Querido diario

Ocurre que cuando estoy muy feliz no soy capaz de escribir una línea. Tal vez sea un pretexto. Los últimos tres meses han sido maravillosos (nótese el uso de la figura retórica, un terrícola imbécil no es capaz de mantener el semblante intacto por tanto tiempo, así que estoy exagerando, hubo días vomitivos) en general he recuperado la paz mental.

Esta vez no es a causa de un nombre, ni un lugar o una actividad, he aprendido que el bienestar es interno. Estoy escribiendo como si alguien fuera a leerme y eso nunca funciona, limita el pensamiento, así que voy a vomitar y ya está, porque últimamente me ha dado por escribir en forma de diario. Recordé que desde pequeña me gustaban los diarios, pero nunca conseguí hacer uno muy bueno. Los dejaba a la mitad, esa es mi actitud predominante porque no soporto el fastidio, cuando una actividad me aburre la abandono, también ha sucedido con personas, soy algo ruin, pero no hipócrita. Las relaciones más constantes son con personas que han sabido sortear mi carácter y desaparecen de vez en cuando para dejarme descansar. Soltar la vida un poco, que se vaya de mis manos, después la recupero.

Decía que me gustan los diarios, pero no todos los días hay cosas de las que uno pueda enorgullecerse. Mi estilo literario ya lo estaba buscando desde que aprendí a escribir, ponía la fecha y “querido diario” a partir de ahí empezaba a enlistar actividades absurdas: me desperté a las 7; me bañé; tomé el desayuno y salí hacia la escuela a las 7:30. Desde luego era aburrido escribir lo mismo cinco días, lo más relevante que podía pasar era que la leche chocolatada estuviera desabrida (cosa que sigue pasando y es igual de odioso). A veces ocurrían cosas geniales y regresaban las ganas de escribir diarios, pero con el paso del tiempo he comprendido que no todo se escribe, mucho menos se publica, depende de las necesidades de cada quien. Eso del estilo literario lo entiendo cada vez menos, todos estamos hechos de los discursos que nos hemos metido: lecturas, música, experiencias. De manera turbia diría que eso es el estilo y yo sigo en la etapa del “querido diario”.

Reencontrarme con los cuadernos de mi adolescencia o niñez es impactante porque no me reconozco, fácilmente somos cinco personas las que escribimos: la estudiante, la docente, la hija, la amante, la pendeja y la más pendeja. Ay, somos seis. Creo que Roland Barthes le llamaba “el grado cero de la escritura” al desconocimiento entre el autor y la obra ¿o era reconocimiento? La función es la misma: existe un desapego entre autor y obra porque el autor se convierte en lector. Más o menos así funciona mi cabeza: yo quería escribir sobre la falta de inspiración y ahora intento justificarme con una explicación muy tonta de un gran concepto. Perdón, Dennise, lectora del futuro.

Estos tres meses he conocido a gente que está hecha de letras y existe en el mundo de manera muy óptima, yo no creí que fuera posible porque he romantizado la idea del escritor o el poeta. La verdad es que tienen niveles de idiotez comunes y rituales muy básicos; no es nada diferente de un ingeniero o un químico, pero sí es muy diferente a un astronauta, ellos en verdad han estado fuera del mundo. La gente de letras no soportaría un amartizaje sin pensar en Bradbury, los astronautas pueden prescindir de esa ñoñería. Así que me las podría arreglar como gente de letras, pero no como astronauta.

Cada quien tiene su forma de afrontar la vida y para mí las letras son el camino, aunque siga sin encontrar mi estilo y venga a vomitar a este blog. El inicio de año va bien. Voy a publicar un libro de cuentos. No sé cuándo.

*Hagamos esto interactivo: encuentre los nueve errores, ya no quiero corregir.

El rey ha muerto

¿Te acuerdas del día en que nos conocimos? Dijiste que necesitabas algunos libros y fuiste a comprarlos cerca del bar donde yo estaba esperándote. Desde luego yo no sabía que te esperaba; estaba con Susana platicando del futuro, ella soñaba con ser abogada y defender a los más débiles, tenía ese ímpetu justiciero ¡Sorpresa! Hubo un cambio de planes porque se embarazó y su novio le impidió interrumpir el embarazo. Ahora ella recibe malos tratos de su pareja, pero la niña ya nació y no crecerá sin padres, por lo que Susana permitirá los abusos hasta que su hija crezca lo suficiente ¿Cuánto es eso? No me preguntes, ella es justa y sabrá hasta cuándo; ya ves que la justicia es un asunto de intereses.

Estabas borracho cuando te acercaste a saludarnos y yo te había mirado un largo rato ¿Has escuchado que las mujeres podemos hacer muchas cosas a la vez? Probablemente son patrañas, pero esa tarde yo pude: estaba atenta a la charla con Susana lo mismo que me entretenía con tus dedos delineando la cerveza en un gesto nervioso; vi que te muerdes las uñas, es asqueroso, pero has encontrado una vía para calmar la ansiedad. Me sorprendí cuando dijiste que eras estudiante de Psicología, lo obvio es que pondrías atención en aspectos de la conducta humana, sobre todo en tu conducta, pero ahora entiendo que no es obligación ni requisito ¿Recuerdas cuando dije: “Qué miedo salir con un psicólogo”? En retrospectiva, quiero corregir esa declaración: Qué miedo salir contigo.

Pasó una semana para que decidieras que yo era el amor de tu vida, la futura madre de tus hijos y la única digna contrincante en debates sobre absurdidades ¿No te parece ilusorio? Una historia digna de la peor película de Hollywood, el porno rosa va ganando porque nos ha hecho creer que es posible el amor a primera vista, yo lo creí. Convencerme no fue muy difícil porque hablaste de lo infeliz que habías sido: el maltrato de tus padres, las infidelidades de tus exparejas, tu ansiedad social, el suicidio de tu mejor amiga ¡Vaya si eres desdichado! Aunque admirable porque no descuidas el trabajo; ya aseguraste un patrimonio inmobiliario; eres un gran estudiante, mención honorífica en la primera carrera y vas por la segunda; nada de eso te importa porque consideras que lo único que haces bien es jugar al fútbol.

Desde luego tenía que pasarte algo bueno en la vida, ya lo merecías porque son muchas desgracias para alguien tan humano y tan bondadoso como tú, entonces llegué con mi pureza ¡PLAP! La pureza nos vuelve idiotas, te creí las declaraciones de amor, las promesas a futuro, el llanto por mi falta de comprensión; me hiciste sentir ingrata ¿Te acuerdas que así me decías? Como si yo no tuviera nombre me decías Ingrata. Quise tomarlo como una broma, palabra cariñosa, pero después de ti no entiendo lo que es una palabra cariñosa. Cuando te alejaste y yo te busqué para saber las razones, me hiciste sentir una loca que nunca supo comprender el amor.

Tú nunca sentiste amor por mí, tampoco yo: ni por mí ni por ti. El amor se construye con dos seres completos, cada uno sabe que tiene debilidades y fortalezas, pero está dispuesto a aprender y enseñarle al otro; entonces nadie pierde en la relación porque da y recibe, además, si la relación no funcionara, ambos serían capaces de admitirlo y despedirse, porque el amor sabe liberar.

Regresaste tantas veces esos cinco años, fueron cinco años de nada, en promedio nos vimos diez veces y hablamos por teléfono muchas más, fue suficiente para destruir la pureza que tanto te gustó al principio. Cada vez era peor: regresabas más herido por la vida, muy arrepentido de haberme tratado mal y con la nueva propuesta de amor eterno:

Es que no lo entiendes, Ingrata, tú y yo estamos destinados a ser.

La mierda está destinada al retrete, el resto son idioteces que inventabas para mantenerme incompleta, semivacía, con un sentimiento de culpa que no alcanzaba a entender. Mira cuánto tiempo me tomó, apenas después de cinco años he llegado a una conclusión, tal vez si lo digo en tus términos lo entiendes mejor: eres un psicópata funcional.

Desde luego ya lo sabes y disfrutas jugar conmigo al ajedrez, estarás planeando tu próximo movimiento y esperas mi respuesta: que me disculpe contigo y al fin comprenda lo desdichado que eres; luego desaparecerás para hacerme perder la cabeza y esperarás con temple mi regreso ¿Sabes? No tengo la paciencia de Susana, ni comparto su idea de justicia. Voy a mover la última ficha. El rey ha muerto.

Escribir no es el camino

Soñé con un poeta, fue Gonzalo Rojas, siempre encuentro algún verso suyo que me abofetea o me acaricia, pero nunca salgo ilesa.  Recuerdo que estábamos bajo las escaleras, en un salón con poca luz. Luz amarilla. Yo me sentía emocionada, pero cercana, como si nuestras letras se hubieran conocido de antes, como si yo tuviera letras. Leía sus gestos y era como mirar a mi abuelo cuando me contaba cuentos, me sentía en casa.

Gonzalo me escuchaba atento cuando recité “La sutura”

(…) 
el sollozo de una mujer llamada usted
que aún, pasados los meses,
se parece a usted en cuanto a aullido secreto 
que pide hombre 
conforme a las dos figuraciones 
que es y será siempre usted,
mi hembra hembra, 
mi Agua Grande 
a la que los clínicos libertinos
llaman con liviandad Melancolía (…)

Su expresión cambió de a poco, parecido al gesto que uno hace cuando escucha música y llega al crescendo (poesía y canción nacieron juntas, es natural que su efecto se parezca).  Decidió cantar conmigo y resonó “Carta a Huidobro”: 

“¡El fornicio nos hará libres,

no pensaremos en inglés como dijo Darío,

leeremos otra vez a los griegos, volverá a hablarse etrusco

en todas las playas del mundo!” 

Al final me dijo que escribir no es el camino, es el hogar. Después de hoy,  el mundo se puede mover a placer,  yo ya viví mi propia Divina Comedia, con mi Virgilio exploré los nueve círculos de la creación para reunirme con la amada poesía.

Desperté melancólica.

Tiempo

El reloj se paró, tenía las piernas entumidas después de haber estado sentado un largo rato, así que decidió levantarse y caminar eternamente. Desde entonces el reloj no se detiene.

Reloj

 Ilustración sin título por Jacek Yerka.